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DESEMBARAZARSE

30 dic 2022
3 min de lectura

Ese día cero tiene algo de perturbador, es algo así como ir de un país hispanohablante a un país como Rusia o Indonesia, donde capaz todo el mundo te sonríe y se siente bien pero molesta no entender nada. El país de mi madre era oceánico, las tormentas, las olas y las corrientes que a ella la tierra le provocaba me hacían girar, nadar, flotar y a veces hasta golpearme. Su territorio era tibio y yo era ciego. Salir de ella me lastimó. De repente la luz me cegaba, fue un error abrir los ojos enseguida, pero me invadieron, me sacaron a la fuerza de ahí. La gente que me saco no sabia de dónde agarrarme, me tomaban por la cabeza, por las piernas, los brazos, no encontraban la manera de hacerme nacer. El país que conocí cuando salí de mi mamá era frío, había gritos, personas azules con guantes moviéndose de lado a lado y yo tenia sangre encima. Yo lloraba, mi mamá lloraba, mi papá lloraba y el cielo también.


La lluvia ese día fue torrencial. Casi se produce una inundación. Yo no podía dejar de pensar en las palabras de mi madre: Felipe, ella se va a desangrar como me paso a mí. No existe tal cosa como un parto natural, todo lo que acontece en un hospital no le pertenece a la naturaleza. El dolor de las contracciones son inhumanas, el bebe empieza a patear como si odiaría estar dentro tuyo, esos golpes son la manifestación rabiosa de haberlo tenido nueve meses encerrado. Tu te enredaste con el cordón umbilical y por poco morimos los dos. Por suerte no naciste prematuro, pero eso también es una opción. En la sala de parto todo es más blanco y frío. Nadas en sangre y las voces de alrededor solo te hacen sentir idiota: “puja, respira, así no, ya casi, un poco más, dale”. Mi voz el día en el que nació mi hijo desapareció. Quedé pasmado. No grité, tampoco hablé, solo estaba como alguien que observa las Cataratas del Iguazú o del Niágara por primera vez, la obstetra sólo me dejo mirar. —Cuando salga de su madre podrá estar en mis brazos, va a estar en suelo firme, pensé. Me zambulliré en su mundo y tendremos toda una vida para conocernos.


—Estoy a punto— le dije a Felipe días antes de partir al hospital.

Mi instinto se despertó y el terror de mi suegra perdió validez. Yo estaba más emocionada que asustada. Me dieron muchas ganas de parir, mi cuerpo sabia lo que hacía aunque nadie me lo hubiera enseñado, era un saber innato y genéticamente ancestral. Alrededor de mi camilla había toda una tribu de gente experta que me acompañaba y me ponían nerviosa. Mi cuerpo me pedía a gritos que me pusiera en cuatro patas, necesitaba darle la señal a mi bebe que era momento de salir y conocer nuevas aguas y otras temperaturas, me pedía moverme y no estar ahí acostada como una momia egipcia. Pero no me dejaron y me cortaron el vientre. Sacaron de adentro mío una vida, un bebé, mi bebé. Cuando me lo pusieron sobre mi pecho fue alucinante, ese ser desconocido y diminuto que por primera vez me sentía la piel me miraba diciéndome “quién eres y qué carajos hago acá”.

Me desembarazaste— dije en voz alta, soy mamá.




Postales de un viaje a Santa Marta, Colombia 2019

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2 comentarios


Invitado
02 abr 2023

Interesante !!! Cada historia te lleva a observar mentalmente cada detalle que transmites !!! 💙

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laorianavirtual
26 abr 2023
Contestando a

Hermoso que permitas dejarte llevar en las historias. Gracias por compartirlo.

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