top of page

historia #90: lo que viste

El recurso se agotó, me cansé, me aburrí, ¿ustedes no? ¿siguen ahí? tal vez están acá acompañándome desde su lugar en estas letras, en esta historia que ya no le pertenece a Instagram (o tal vez sí).


Mi relación con lo virtual-digital ha sido compleja, me resulta más fácil lo real-analógico, no soy de chatear (si es que el término sigue en vigencia), pero si soy de conversar. Me gusta celebrar los días del calendario, y hoy estoy de aniversario virtual; conseguí habitar este espacio y descubrí nuevas formas de comunicación e interacción.

Un año en Instagram, un año de La Oriana Virtual después de firmar los acuerdos y esperar el tiempo que exige la app para borrar una cuenta, esa que usé hasta mediados del 2020… no me cuesta estar alejada de acá, no me da FOMO (término en vigencia) y tampoco le temo a la soledad, por el contrario mi nuevo miedo es dejarme acompañar.

Durante el año decidí usar las insta-stories que ofrece la plataforma para contar mis historias —ésta es la n°90— y aunque quise llegar a 100 historias, hoy siento que el recurso se agotó. Decido irme con el restante, con esas 10 historias sin título y que desconozco. Hoy quiero quedarme con eso que faltó, aceptar lo real, y dejar que la idea de ese 100 se vaya a otro lugar. Ya no quiero llenar ni completar, quiero dejar acá un poco de lo que transito en mi vida real, en mi historia de todos los días: aceptar al vacío como parte estructural, aceptar que al vacío no se le tapa, ni se le evade, es más, ocupa en mí un lugar importante, al que antes le temía y al que ahora, por fortuna y con algo de dolor e incomodidad saludo con frecuencia.


La historia n° 1, empezó el 19 de agosto de 2022, la titulé: compartir el proceso, ese que hoy estoy cerrando. Para ese día llevaba poco mas de un mes en Instagram, practicaba poledance, celebraba mis dos años con una alimentación 100% plant based y tímidamente me hacía amiga de Celeste, una mujer que volvía a su país después de estar 10 años viajando.

Un día de Chile y Colombia compartiendo barrio sucedió cuando Alon regresó de Chile y su departamento estaba ocupado. En su búsqueda terminó en mi barrio un par de meses. Y hace un par de meses yo llegué a su barrio. También en ese mes de Agosto con A de amigas fue la época de celebrar la vida de Mati, un amigo que hoy camina en Europa.

El síndrome de la impostora y el popurrí de la semana tuvieron como ingredientes principales una cantidad hermosa de eventos, muestras, performances, filmaciones, cámaras y nuevos encuentros; tuve a Carme en capital, al puro añañay, a una invitación para el sábado, una tarde de domingo y a tres cosas. Decidía hacer visible lo presencial en lo virtual, la noche, la cableada, los mimitos y las manos y cocina. Eso tuvo lugar después de haber renunciado a mi trabajo en el rubro gastronómico y afianzar mis vínculos con mi grupo de actuación.

Llegaba Octubre y seguía compartiendo mis ganas de encuentro con una invitación para mañana y el hoy queremos / quiero playa, donde recordaba después de un ensayo en el aula 14 de French, mi primer viaje al Pacífico colombiano donde teniendo de guía a mi primo me salvé de un ahogo y dormí en en una hamaca.

en acción y partners In Crimen también fueron videos. El último era en cámara rápida donde nos maquillábamos y desmaquillábamos con Emma, un amigo del que aprendí que a veces es mejor sorprender que prometer. Re-conocía a gente que hace lo que ama y celebraba algo en la bañera de un monoambiente que titule Terapiades.

Luego del jueves a hoy con delayed, llegó el fin de los 24 y con eso las personas de la noche, las personas del día, los finales universitarios y el paseo con amigs en un mundial en Argentina, —fuimos 14 personas disfrutando del con-vivir en medio de un calor que se calmaba entrando al río—. El bis de ayer fue lo penúltimo del 2022.

Con lo que hago cuando me dejan en la casa sola empezaba lo que sería la primera mudanza de las cuatro que este 2023 me tenía preparadas. Con la visita de Marcela

dije lo logró les deseamos un año feliz, pero empezó la caída con los (día)logos, las palabras que son sabores y me gustan mucho, el que machera, y la frase que me dijo Facundo el 1° de Enero del 2021: sabemos cómo llegamos pero no como nos vamos. Dado que para ese momento ya había estado en una finca sin poder salir de una piscina, y había construido nuevos sentidos sobre la arena negra de La Barra junto a Nati y Nico, y después de una Bogotá caliente con Fernet y mate, hice cuatro recomendaciones, una bailadita y a seguir y una compra parchadita (la remera tiene una ilustración hecha a mano por MariBala).

Dejé el volante del auto caleño y me fui a Pereira para andar en moto y re-encontrarme con Ale para estar de campamento en un apartamento, una chimba de combinación, y ser fan del amor la calle el baño el boliche y el libro. Y con eso la prisa y pausa, mis nuevas amigas, los nuevos bailes y el me separé.

En mi otra casa, de ayer (hoy y siempre), nos combinamos, volvía a mi vida porteña para preguntarme y responderme: ¿en dónde vives? en las personas.

Acá, si llevo bien la cuenta debo ir por la insta-storie n° 51, creo que ya me sentía cansada, pero empezaba la publicidad con pensa global consumí local que igual se contrarrestaba con el campito 2.0 y la complicidad 2.0.

En Buenos Aires están los buenos días, el martes excepcional, la causalidad, el a.b.c.de.f.g y la aclaración del estoy bien en mi madrugada, con tu ayuda, junto a de.Sastre disponible, en ciclo vértigo y con esto me despido. Al parecer todo el tiempo te saludo y me despido…

A fines de Mayo aparece la distracción, el collage, la fiesta, y el estamos bien en medio de la ayudantía, el taller de tesis, el desapego, el estar sin compu y el sueño sobre un colchón. Me siento spam pero me reconcilio con La Oriana Virtual en acción (use por primera vez los oculus VR) gracias a las conversaciones que surgen tomando helado en plena madrugada.

El aniversario porteño 7 ni lo sentí, vivía ensayando, sentía es.trés pero ya volvía a tener cama, estaba con mi gente en sus casas, en equipo y se veía en el horizonte la semana de vacaciones. Después del robo (es decir, hace un mes) vino el puro añañai, el amor.es (otra edición del campito) y el pantallazo.

Saberse ir cuesta, muchas veces cuidamos el saludo y olvidamos despedirnos, otras veces llegamos tarde, no saludamos, pero vemos a todos los seres humanos irse… no puedo saber si siguen acá, si están desde el inicio o llegaron al final, pero como se dieron cuenta me gustan los buenos días y las buenas noches.

Les conté en la mañana, dos cosas, un par de screenshots 00 original esta versión ya caducó, una domingueada (que no se parece a hoy), tres realidades, un estreno de una obra de teatro, otro screenshoot pero ahora de una conversación con Celes (no es mi amiga viajera del inicio sino la Celes que se egresa conmigo), un evento que no sé publicitar y por eso sale mal publicidad, lo de siempre y lo último…


Para despedirme me recuerdo a mi misma que el todo y la nada no existen, que hay cosas que quedan fuera, que lo interesante es la parte, el fragmento, el hilo desde el cual se tira para descoser un saco.


Gracias a ti, a ustedes, que llegaron conmigo a este final… quizá acá, en un futuro próximo comparta el trabajo de investigación con el que me estoy graduando de la Universidad Nacional de las Artes, una institución pública y estatal (gratuita) a la que agradezco por el suelo donde mis siete años de extranjería encontraron un descanso.


cotidianeidad en Agosto 2023

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


¡Gracias por estar acá!

©2020 por Escribir es ir.. Creada con Wix.com

bottom of page